lunes, 17 de abril de 2023
Monstruos en el vientre
A veces las palabras fallan (Soñarte antes de soñar)
Te puedo mirar a escondidas, acariciarte mil veces sin que te des cuenta en una foto, puedo también soñarte a medianoche, justo antes de dormir, justo antes de soñar, y aunque pueda escribir y fingirme poeta con tanta prosa a pesar de tanta pasión contenida, puedo quedarme en silencio a tu lado, o no llamarte, o no buscarte, y sólo anhelarte.
Porque las palabras a veces fallan, cuando se las necesitan, contrariamente a expresar lo obvio, lo que se siente, lo que quema e irrita, lo que corroe el alma.
Sólo silencio. Exánime. Inmóvil.
No culpo a los labios por no animarse, a besar o hablar. Culpo a los monstruos bajo la cama, cuyas garras se asoman pendientes a desgarrar el sueño, o la misma piel.
Porque es medianoche, justo antes de dormir, justo antes de soñarte. ¿Para qué hablar?
¿Para despertar a más monstruos?
Cerrar los ojos, amordazar a las bestias, y avizorar la luz en la oscuridad. Palpar la paz, seguir la melodía del corazón con los dedos de una mano, expresarme con gestos, una suave mueca en el labio, casi una sonrisa mínima, justa y necesaria.
Porque las palabras fallan, cuando se necesita una caricia, una mueca, porque los monstruos acechan. Porque es media noche.
Justo antes de dormir.
Justo antes de soñarte.
Shhhh, no hagas ruido.
No me hagas hablar.
No me hagas despertar.
Shhhh, no hagas ruido,
Callate,
y dejame soñar.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche
"Puedo escribir los versos más tristes esta noche."
No hay que ser un poeta consagrado para hacerlo.
Sólo hace falta sentirlo.
¿Qué es la tristeza si no es ausencia de amor?
Una caricia perdida, de una princesa ausente.
Un ladrido olvidado, de una mascota lejana.
Un paseo con una hija, o un abrazo con los padres.
Y cuando un vacío se compromete a llenar el todo,
sólo las palabras parecen ser lo suficientemente valientes
para brotar iracundas.
Pero las palabras no siempre son suficientes.
“Puedo escribir los versos más tristes esta noche”.
Pero no quiero.
La noche está nublada. Los astros, escondidos.
No hay viento.
Un negro que duele asoma por la ventana.
Pugna por ser la oscuridad dominante,
Sabor a nada, como la canción,
Trae melancolía, y penumbras.
¿Cómo resurgir cuando tu alma está rasgada?
Sin aire, dame tu respirar.
Sin recibir, dame tu dar.
Arrancar todo lo que duela,
todo lo que pesa, y ya no es posible arrastrar.
No puedo amar, si ya no hay pasión interna
Un alma corrompida, y cansada, que vaga, que yace quieta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche, y muchas noches más.
Aunque los versos, sin ser leídos, son versos vanos,
de palabras mudas, de alas destrozadas.
Entonces escribir no deja de ser un acto de rebeldía
Un atrevimiento absurdo
Y cuando bajo la cabeza, y entrecierro los ojos,
la noche se asoma, adivinando mi debilidad,
y me dice: ¿Te rindes?
“Puedo”, le contesto.
Pero no quiero.
Maldecido por poesía
La miré profundamente mientras la respiraba suave, lento, para sentirla parte mía. Y me confesé con ella al decirle:
- Entre tanta soledad, me siento maldecido por poesía.
Ella achinó lo ojos, hizo una mueca que mostraba su estupor y me contestó:
- ¿Por qué maldito de poesía?
- La poesía es creadora de expectativas oníricas, utópicas. Te distancia de la realidad y te mortifica en sueños.
- No sueñes. Aquí estoy. Tocame.
- Me confundes con un realista. Yo soy un soñador. No puedo tocarte, porque así te destruiría.
- ¿Entonces?
- Te voy a pintar en letras. Sólo así no serás un vuelo fugaz y serás eterna, infinita.
- Pero intangible.
- Una quimera, pura poesía. De esas que riman. De las más bellas. Las inmortales.
Y así, sin tocarla, la rocé.



