La miré profundamente mientras la respiraba suave, lento, para sentirla parte mía. Y me confesé con ella al decirle:
- Entre tanta soledad, me siento maldecido por poesía.
Ella achinó lo ojos, hizo una mueca que mostraba su estupor y me contestó:
- ¿Por qué maldito de poesía?
- La poesía es creadora de expectativas oníricas, utópicas. Te distancia de la realidad y te mortifica en sueños.
- No sueñes. Aquí estoy. Tocame.
- Me confundes con un realista. Yo soy un soñador. No puedo tocarte, porque así te destruiría.
- ¿Entonces?
- Te voy a pintar en letras. Sólo así no serás un vuelo fugaz y serás eterna, infinita.
- Pero intangible.
- Una quimera, pura poesía. De esas que riman. De las más bellas. Las inmortales.
Y así, sin tocarla, la rocé.

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