lunes, 5 de agosto de 2024

Now to belong to heaven and the stars spell out your name

 



Tengo que decir adiós. Aunque no quiera. Decirlo es como aceptarlo. Escribirlo es declararlo. Es rendirse a lo inevitable. Rendirse al triste y ridículo final del camino que Dios improvisó para irnos. Entre pañales, entre hambre y sed.  Entre paredes sucias, sin poder pronunciar palabras claras justamente de un extraordinario cerebro… de una persona maravillosa.

Llorar letras alivia. De alguna manera ayuda a soportar tu ausencia. Aunque me tenga que golpear la cabeza mil veces para tratar de olvidar tu imagen final, y forzar tu recuerdo riendo, quejándote del rock nacional (de ese ruido), o inflando el pecho orgulloso mientras tocaba al órgano un Tocata y fuga en re menor.






Si tengo que quejarme de este Dios, odiarlo, tengo que pensar que el final es oscuridad, un sueño sin sueños, música sin armonía… como para completar su chiste y regocijarse del mismo.  Pero tanto resentimiento sólo lastima, entonces prefiero imaginar un cielo con los colores de tu Racing, y a la viejita ahí esperándote, para protestar y decirte porque tardaste tanto. Una moto para que vuelvas a volar como cuando eras joven… “divino tesoro” decías. Y con tu cámara sacando fotos de los ángeles mientras escuchas en vivo a Gardel, Goyeneche y a Troilo. Pero sobretodo, los imagino jóvenes, rodeado de amigos. 

Me dejaste con un dolor inmenso y una sensación de rendición y abatimiento que ya me es difícil sobrellevar. Más allá de lo lógico, del tiempo, de lo que debemos aceptar, es el pecho hundido y sin aire lo que lo hace tan espinoso.

Me acostumbré a sufrir en hospitales, roturas, cirugías, clavos, anestesias y puntos. A aceptar mis problemas y mis diferencias. A superarlas y superarme.  Me enseñaste y me acompañaste para hacerlo. Pero nunca me explicaste cómo seguir.  ¿Quién me va a avisar mil veces que mañana llueve, y que me abrigue que hará frío? ¿Quién me va a pedir que mire antes de cruzar? ¿Quién se va a preocupar por “esa tos seca que no es de stress, es para jarabe y médico seguro”?

Duele tu ausencia. Resquebraja.

Luego de varios días en cama, angustiado, apagando el cerebro, aquí estoy, llorando letras, porque, como dije, alivia. Y es mi forma de decirte adiós.

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