Más simple, era más simple. Ahora es como que algo se perdió. Perdidos, esa es la palabra exacta. Perdidos en un deliro de sexo, sudor y frenesí, sólo para liberar tensiones. ¿Y la magia? ¿Esa magia? ¿Dónde quedó?
Ese temblar con la mirada, ese tomarse de las manos, esos besos suaves y no por ello, poco profundos. ¿Dónde quedaron? ¿En qué perversidad de preservativos y orgasmos de momentos?
Tan poco amamos. Y tanto nos maltratamos.
Pero consumimos minutos, nos desatamos como perros en celo, hasta eyacular y desvanecer la memoria: el mismísimo sentimiento en pos del goce mortal.
El rótulo de “novio/a” ahora asusta, es mejor un “touch and go” para luego tener tiempo para ojear el celular, algún grupo al que contarle la aventura, y luego buscar otras conquistas, usar, ser usado, y aún así sentirse ganador, a pesar de haber perdido un poco de alma.
La excusa es el miedo, el poco compromiso, la libertad. La estupidez nos desborda, y la sociedad nos consume, y nos consumimos, nos olvidamos de la magia, y descubrimos el truco del mago al banalizarlo en varios polvos.
Ya casi no quedan flores, ni “pelar” la guitarra para cantarle algo romántico y estúpido, una canción de Banana y que te traten de banana. “Cuando piensas en alguien, sin hacerte preguntas. Y murmuras su nombre mil veces, cuando estás en penumbras. Y te quedas despierto, al llegar la mañana. Puedes ver todo el cielo y el mundo, sin abrir las ventanas.” Una cena a la luz de las velas, un te amo a los ojos sin whatsapearlo, un abrazo sincero, contenedor, un apoyar la cabeza y sentir el palpitar del corazón, rítmico, en paz, donde el tiempo se congela y las urgencias se van a la mierda. Y que alguna poesía se escape de tu boca, o algo tan cursi como decirle “qué linda que estás”, para que se te caguen de risa Bécquer; Neruda y Benedetti. “En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.La besé tantas veces bajo el cielo infinito.”
Pero el juego ahora es otro, es desear, concretar, cambiar, poseer, olvidar, seguir como si fuera una superación increíble distanciarse, anular memorias, piel, roce, besos, miradas. ¿Y las risas? ¿Y ese temblar con la mirada? ¿ese tomarse de las manos? ¿Esos besos suaves? Aquellos amores adolescentes parecen tan distantes, tan perdidos. Perdidos. Otra vez esta palabra. Si apenas podemos encontrarnos nosotros, ¿cómo vamos a encontrar esa magia que anhelamos en otros?, si somos nosotros mismos lo que la destruimos, la boicoteamos. Tanta histeria en encontrar la perfección y no en complotarse para perfeccionarse juntos. Tanto miedo al amor, a disminuirlo en un simple “te quiero” para no comprometernos como atados bajo el símbolo de un anillo. Cuánta lámpara de bajo consumo que ilumina nuestros días, tan poca luna, tan poco sol. Sobre todo ausencia de música, delirio, poesía y delirio otra vez. Prefiero imaginarme al aire libre, bajo las estrellas, con una guitarra y un “hace falta que te diga, que me muero por tener algo contigo”,
el crepitar de una fogata,
una paz inmensa,
un cruce de miradas
y un beso inmortal.
Fabio B.

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