Vacío. Una mano abierta, palma arriba, seca, resquebrajada, deseosa de atenazar con sus dedos, una luz.
Lleno. Como si el pecho no fuera suficiente para tanto suspiro y ardor.
Si hace un casi un año sostuve tu mano, y miré en tus ojos un aleph de estrellas.
Y uno se rinde, se pierde ante ese infinito.
Bajo las defensas. Pero sigue añorando, así, dejado, hastiado, rendido.
Carpe Diem, pero los minutos pasan. Las horas. Los días. Y nada se aprovecha en la desidia. Te caes y te levantas. Una. Diez. Cien. Quinientas. “No han de ser tus caídas tan violentas, ni tampoco, por ley, han de ser tantas”
Una caricia tuya en la piel, fortalece, revive latidos imperceptibles, relaja, invita a la utopía de la felicidad plena- “Puedes decir que soy un soñador, pero no soy el único”.
Mientras tanto, las agujas se mueven lentamente, las arrugas carcomen, el cerebro reclama, y no para, y el alma duele, lastima…
… como una mano abierta deseosa de atenazar luz
… como un pecho lleno de ardor
… como un aleph de estrellas que se apaga
Y estremece a Dios.
Fabio B.

No hay comentarios:
Publicar un comentario