martes, 18 de octubre de 2016

Y miré en tus ojos



Vacío. Una mano abierta, palma arriba, seca, resquebrajada, deseosa de atenazar con sus dedos, una luz. 

Lleno. Como si el pecho no fuera suficiente para tanto suspiro y ardor. 

Si hace un casi un año sostuve tu mano, y miré en tus ojos un aleph de estrellas. 

Y uno se rinde, se pierde ante ese infinito. 

Bajo las defensas. Pero sigue añorando, así, dejado, hastiado, rendido. 

Carpe Diem, pero los minutos pasan. Las horas. Los días. Y nada se aprovecha en la desidia. Te caes y te levantas. Una. Diez. Cien. Quinientas. “No han de ser tus caídas tan violentas, ni tampoco, por ley, han de ser tantas” 

Una caricia tuya en la piel, fortalece, revive latidos imperceptibles, relaja, invita a la utopía de la felicidad plena- “Puedes decir que soy un soñador, pero no soy el único”. 

Mientras tanto, las agujas se mueven lentamente, las arrugas carcomen, el cerebro reclama, y no para, y el alma duele, lastima… 

                … como una mano abierta deseosa de atenazar luz 
                … como un pecho lleno de ardor 
                … como un aleph de estrellas que se apaga 
                                                             Y estremece a Dios. 
Fabio B.

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